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El oro vuelve a brillar

  • Foto del escritor: Martín Carrasco
    Martín Carrasco
  • 24 jul
  • 1 min de lectura

El oro atraviesa uno de los ciclos más sólidos de los últimos años. La corrección de 20% desde los niveles máximos de enero parece una oportunidad interesante para aquellos inversores que quieren posicionarse en esta clase de activo.


La caída del precio estuvo explicada principalmente por el ajuste al alza en las expectativas de tasas de mercado – tras los datos de una inflación que se mantiene reticente a disminuir – y la apreciación del dólar. Dado que el oro no paga interés, una suba de las tasas del mercado le es desfavorable por el costo de oportunidad que significa mantenerlo.


Aunque mostró volatilidad recientemente, mantiene un desempeño positivo en el horizonte de mediano y largo plazo. Se comporta como un activo real: su retorno anual ha sido de 8% desde el 2000 y 4,5% en la mirada más larga de los últimos 50 años. Estas cifras están por encima de la inflación estadounidense.


En los últimos años vimos razones estructurales que están ocurriendo en este mercado. Los Bancos Centrales continúan incrementando sus reservas de oro para diversificar su exposición al dólar y fortalecer sus balances.





Imagen: el oro representa hoy el 24% de las reservas internacionales, frente a una participación significativamente menor dos décadas atrás, mientras que el peso del dólar descendió de 59% en 2000 a 40% en 2025.


Para el inversor de mediano y largo plazo, el atractivo del oro no radica únicamente en su potencial de apreciación. También cumple un rol como activo de diversificación en un contexto de elevada deuda pública y tensiones geopolíticas, lo que lo vuelve un componente estratégico dentro de una cartera.

 
 
 

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